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El
directivo del futuro: de yuppie a filósofo
¿De qué nos hablan ahora los gurús?,
¿Cuáles son los temas de actualidad: inteligencia emocional, desarrollo
personal, autoconocimiento? ¿Qué está pasando? ¿Es que se valora más
sentir e intuir, que reprimirse y planificar? ¿Significa que es necesario
dominar no sólo las técnicas del management, sino también las
habilidades intra e interpersonales?, ¿Nos quieren decir que para ser un
buen directivo es necesario además ser una persona equilibrada?...
Pues sí, ha aparecido, no sabemos si
como moda o como un proceso evolutivo natural, la necesidad de considerar
al directivo como un ser humano, que no solamente piensa sino también
que siente y tiene una esencia personal que lo distingue de los demás, y
que no solamente no es poco profesional tener esta visión, sino que es
además necesaria. Por fin, ambos frentes, el “hard” y el “soft”
han dejado de contraponerse, para empezar a convivir en armonía, buscando
en conjunto las respuestas a una serie de interrogantes hasta ahora no
despejados.
Este nuevo planteamiento de las cosas
puede deberse como dicen los transpersonales (concepto que explicaremos más
adelante) a la entrada en una nueva Era, que al parecer significa que se
producirá un aumento del nivel de conciencia de las personas. Traducido
esto a nuestro lenguaje empresarial, puede representar que los directivos
se preocupen por ampliar su visión sobre la realidad que les circunda y
les inunda, y se animen a cuestionarse, a mirarse para adentro, a sentir y
describir sus sentimientos, a descubrir nuevos caminos para conseguir
incrementar su eficacia personal y a escuchar un poco más a lo que tienen
de humanos, que de tecnócratas.
¿Cómo puede influir todo esto en el directivo
del futuro? En la necesidad de buscar nuevas formas de dar respuestas
a las situaciones. Es precisamente equilibrar un entorno tan cambiante con
una persona estable en su esencia, en su escala de valores, y en sus
planteamientos vitales. Ahora bien, ello requiere de una introspección y
un autoconocimiento para el cual las ciencias del Management estudiadas
hasta ahora y la psicología empresarial, no dan todas las respuestas.
Tenemos que buscar caminos que nos
ayuden a redescubrir a la persona en su esencia vital, a reaprender lo
fundamental, lo olvidado, lo que estaba reservado a los filósofos. En
resumen, debemos volvernos más holísticos y más globales, no sólo en
la economía, sino también en los conocimientos. Debemos buscar
respuestas uniendo áreas de conocimiento que el racionalismo separó. Ya
era hora que entrase la Filosofía en la empresa, y todavía faltan que
entren otras áreas de conocimiento que hasta ahora se consideran
marginales, pero no por ello son menos reveladoras.
¿Dónde encontrar un área de
conocimiento que resulte integradora y no separatista? ¿Dónde podemos
indagar para comprender a la persona, sin descartar planteamientos por ser
indemostrables?. El hombre siempre ha buscado respuestas, evolucionando
desde el psicoanálisis, pasando por la psicología humanista, el
conductismo y la bioenergética, hasta llegar hasta la psicología
transpersonal.
La psicología transpersonal tiene
realmente un carácter integrador, dado que pretende hacer una síntesis
entre Oriente y Occidente. Considera al ser humano como una esencia que va
más allá de su propio comportamiento, más allá de su personalidad,
dado que ésta es sólo la máscara con la que se identifica. El individuo
en la psicología transpersonal se constituye en el observador de sus
conductas, en algo más que su cuerpo, sentimientos, emociones y trabajo. ¡es
el actor/autor de todo!.
Es decir, a través del
autoconocimiento, de escuchar nuestro yo interno, descubrimos que
no somos nuestros sentimientos, somos el que siente, no somos nuestros
pensamientos, sino somos el que piensa, el que tiene la capacidad de
pensar. Recordemos la célebre frase: “Busca al pensador, no al
pensamiento”.
Creemos que ha llegado la hora que los
directivos tomen conciencia que el desarrollo personal es el camino que
deben empezar a recorrer si pretenden continuar siendo competentes. Sólo
descubriendo que la realidad es un reflejo del interior, se podrá asumir
la responsabilidad de modificarla orientándola hacia el camino elegido. Y
esperemos que este “despertar de conciencias” lleve a los directivos a
tener una actitud abierta de inquietud y aprendizaje constante, de
apertura mental, eliminando los miedos y barreras a indagar, a descubrir,
y a generar energía creadora.
Consideramos que un directivo no puede
resistirse a todo el movimiento que se está produciendo en el Universo, y
por lo tanto le conviene asumir el protagonismo en el camino del
autodescubrimiento y el desarrollo personal, uniendo lo aparentemente
incompatible, sintiendo y dejando sentir, y en definitiva permitiéndose SER.

Autor: María Julieta Balart
Fuente: rrhhMagazine
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